Cojo el ferry tempranito en Rossaveal, a unos 40 km al oeste de Galway. El día no acompaña nada, húmedo y fresco, siempre amenazando lluvia.
40 minutos sobre el agua y llegamos a Kilcronan, en la isla de Inishmore, la mayor de las Islas Aran. Las otras dos, Inishmaan (la mediana) e Inisheer (la menor), las dejo para otro nuevo viaje.
La isla tiene unos 15 km de largo y unos 3 de ancho. Y aunque el día no deja de amenazar con mojar a los más aventureros, no me apetece coger un tour-bus y me decido finalmente por alquilar una bicicleta. Las carreteras son buenas, la isla más o menos llana y el tráfico muy escaso.
Pero los más de 30 km en total y mi nula forma física en bici desde hace muchos años, hacen que al final del día (y durante el día, qué leches) mis piernas me maldigan por mi brillante idea. Si ya es doloroso cuando se te suben los gemelos, imaginaos cuando son los cuádriceps los que amenazan con hacerlo. Yo creo que se me llegan a subir y tengo que bajar rodando por las piedras desde lo alto del fuerte Dún Aengus.
Pero el espectáculo de la isla, toda piedra, con una colonia de focas tomando el sol, y por encima de todo, las ruinas del fuerte Dún Aengus, literalmente "colgado" sobre el punto más alto de los acantilados, hace olvidar todo lo demás.
El fuerte y sus acantilados son un espectáculo en sí. La altura es mucho menor, como una tercera parte, que en los acantilados de Moher. Son sólo 87 m, pero el hecho de caminar por la piedra justo hasta el borde mismo del acantilado, sin protección alguna pese a ser una atracción turística, da al conjunto una espectacularidad tremenda.
Por último, esta isla también tiene su nota cinematográfica, cuando en 1934 Robert J. Flaherty rodó el famoso documental "El hombre de Aran" ("Man of Aran"), narrando la vida de las gentes de la isla.